Ermita de Andra Mari en Ullíbarri-Arana

Introducción

En pleno valle de Arana, entre las localidades de Alda y Kontrasta, se encuentra la aldea de Ullíbarri-Arana. En las afueras de esta población se conserva la ermita de Andra Mari de Bengolarrea, un pequeño templo románico construido con buenos sillares que demuestra la existencia de importantes talleres en la zona de los que nos han quedado muy pocas pistas. La advocación a Santa María se recoge desde el siglo XVI y en algunas mandas testamentarias aparece denominada como “Nuestra Señora del Prado”, lo que indica que, al menos desde época moderna, ha estado en un lugar ligeramente apartado del caserío de Ullíbarri-Arana.

Imágenes 360º

Las pinturas rojas

En la cuenca absidial de este pequeño templo, las restauraciones de las últimas décadas han sacado a la luz las pinturas que tiempo atrás decoraron el interior del edificio. Hay como mínimo dos capas pictóricas, una de época moderna apenas apreciable, y otra de una cronología cercana al siglo XVI que presenta una mejor conservación. Sobre un enlucido de cal se delinean con pintura roja una serie de motivos de gran sencillez habituales en algunas pinturas bajomedievales. Sin embargo, el monograma de IHS con la cruz, los clavos y el corazón, similar al emblema jesuítico, hace que el conjunto deba fecharse en tiempos ya renacentistas.

Fotografías antiguas

La colección de fotografías conservada en el Archivo del Territorio Histórico de Álava muestra que la ermita ha contado, al menos en su exterior, con pocas transformaciones desde el pasado siglo. Las últimas restauraciones han podido solucionar los problemas estructurales del muro norte y las grietas de su cabecera que son perfectamente visibles en las imágenes que tomó Gerardo López de Guereñu en la década de los sesenta del pasado siglo.

La ermita

Exterior

Al igual que ocurre en la vecina localidad de Kontrasta, en esta ermita se pueden ver algunos restos de lápidas romanas, aunque en mucha menor proporción que en el caso de la ermita de Elizmendi.

Uno de los elementos más llamativos del edificio es sin duda su ábside. Se trata de una fábrica sencilla, pero ejecutada con gran maestría. En su vertiente oriental se abre una pequeña ventana en forma de aspillera, pero no cuenta con ningún sistema de iluminación más de época medieval. El alero está sostenido por una serie de canecillos lisos bien conservados y muy agrupados, reforzando la idea de solidez que transmite todo el edificio.
Pero quizá la parte más interesante de esta ermita sea su portada, si bien hoy en día está ligeramente transformada por efecto de profundas reformas emprendidas en época desconocida. A ambos lados se pueden observar unas basas que carecen de fuste, lo que indica que muy probablemente la portada contó con más arquivoltas de las que hoy en día vemos (quizá el fuste con capitel del interior que aparece en una fotografía de López de Guereñu).
En el muro norte se encuentra un acceso bajomedieval con un sillar reubicado con una cruz flordelisada, la misma decoración que encontramos en las pinturas del interior.
El interior

Las recientes intervenciones eliminaron el sotocoro de madera que se describe en la bibliografía y han dejado un interior despojado por completo de cualquier añadido o decoración.

La nave se cubre con un moderno tejado a dos aguas de madera que enlaza con el presbiterio a través de un grueso arco triunfal.

LOCALIZACIÓN

Créditos fotográficos:

De las fotografías actuales: © Ondare Irekia / Patrimonio Abierto.

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