La Historia

La localidad de Orbiso tuvo unido su destino a la vecina villa de Santa Cruz de Campezo desde la Edad Media hasta el año 1738, cuando logró la independencia. Durante los siglos medievales estuvo bajo domino del vecino despoblado de Berberiego, un antiguo arcedianato que entró en su definitivo declive durante el siglo XIV y, después, conoció el señorío de la rama de los Condes de Orgaz de la familia Mendoza. La multitud de casas blasonadas que alberga Orbiso es buena muestra del buen nivel de vida y del abundante número de habitantes que históricamente la ha poblado, lo cual explica también el tamaño del lavadero, a las afueras de la villa.

El conjunto principal

El lavadero de Orbiso se encuentra, como en tantos otros casos del territorio alavés, vinculado al mismo curso de agua que da servicio al pueblo a través de la fuente y el abrevadero. Esta modalidad de tres espacios destinados a diferentes usos del agua, denominados “tripleta”, suelen seguir el orden de fuente-abrevadero-lavadero, de tal manera que el agua que da de beber a las personas o destinada al uso doméstico, cae después por un sobradero a la pileta donde abrevan los animales, para, posteriormente, desembocar en un majestuoso lavadero.

La fuente

La fuente, de cuatro caños y de tipología de aljibe, es de estilo neoclásico y culmina en un frontón curvo con decoración de bolas muy deterioradas a ambos lados en cuya cúspide se alza una cruz de tipo calvario esculpida en piedra. Bajo ella, una inscripción nos informa de que “ME HIZO MARTÍN DE MENDIZÁBAL, AÑO 1806”. Por su parte, el lavadero sostiene su tejado a un agua gracias a una gran columna de piedra que lo eleva y a un cuidado sistema de vigas de madera alabeadas tradicionales que sirven a modo de armazón.

El lavadero

El lavadero se abre hacia el sur, protegiendo a las lavanderas del frío del norte y de las corrientes de aire. Este espacio dispone las piedras de lavar a la altura de la mitad de las piernas, lo cual implica que las mujeres podían inclinar la espalda para lavar o también adoptar la postura de rodillas para poder frotar las prendas. Además, un saliente que recorre la pared este permite depositar las herramientas de trabajo y las cestas de ropa, para dejar el paso libre.

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