El trabajo de lavandera

Mujer en el lavadero. Colección de Baraibar-Elorza (ES.01059.ATHA.BAR.NV.005.062), Photo Araba..

Las mujeres que utilizaron los lavaderos podían hacerlo por oficio o por atender las necesidades básicas de su familia. En cualquier caso, lo que tenían todas en común era que se trataba de mujeres de las clases sociales más humildes. Las mujeres de las clases altas contaban con criadas que se encargaban de lavar, además de otras actividades domésticas, o contrataban lavanderas profesionales para delegar esta incómoda labor. Así, con el surgimiento de los lavaderos rurales, el oficio de lavandera vivió un importante repunte, ya que permitió que muchas mujeres en los pueblos se dedicasen profesionalmente al lavado o encontrasen en esta actividad un ingreso extra para mantener a sus familias.
Las lavanderas que habitaban en el entorno rural de una población de mayor tamaño acudían una vez por semana para recorrer las casas de su clientela recopilando las prendas. Normalmente aprovechaban el viaje de algún pariente o vecino que contase con mula o carro para poder cargar el peso con mayor comodidad y poder regresar a sus lugares de origen. Cuando recogían las ropas realizaban un listado y hacían una copia que se quedaba en casa de la clientela, para garantizar que no se perdía ninguna en el proceso. Solían cobrar por prenda y corrían con el gasto de los jabones, que realizaban de forma artesanal, en muchos casos, y del transporte. A pesar de que no fue un trabajo bien pagado y que además exigía mucho esfuerzo físico debido a su dureza, este oficio permitió a muchas mujeres salir adelante y alimentar a sus familias.
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