El viaje desde el río al lavadero

Lavadero en Larrea, fotografía de Gerardo López de Guereñu (ES.01059.ATHA.IHO.DI.05025), Photo Araba..

El proceso tradicional de lavado de la ropa, que podía durar varios días, constaba de diversas fases. La aplicación de la lejía de ceniza y el primer enjabonado podía realizarse en el hogar, pero el aclarado y repasado de las prendas necesitaba de un curso de agua corriente que permitiese eliminar los restos de jabones. Por ello, las lavanderas acudían a los ríos o riachuelos cercanos a sus localidades para poder realizar esta ingrata labor. El río tenía sus inconvenientes, como la mala postura al lavar, la necesidad de acarrear las pesadas prendas hasta la zona de lavado y, en muchos casos, tener que meter los pies en el río, enfrentando las bajas temperaturas en invierno y las enfermedades asociadas. Pero la progresiva traída de las aguas al centro de las localidades y el surgimiento de las primeras fuentes cambió esta costumbre.

La fuente moderna ofrecía un curso de agua corriente cerca de los hogares, evitando el traslado hasta el río. Pero no sólo servía para lavar la ropa, sino que también debía surtir de agua para el consumo humano, animal, el regadío de las huertas y otros usos domésticos. Enseguida surgieron los conflictos en torno al acceso al agua y se acusaba a las mujeres de contaminar las fuentes con el lavado de la ropa. Sin embargo, había más motivos de queja por parte de vecinos y autoridades. La estricta moral sexual del siglo XIX y la culpabilización de las mujeres como incitadoras a la lujuria llevó a establecer ciertas prohibiciones en las fuentes para evitar que las mujeres se remangasen las enaguas y mostrasen parte de su cuerpo en público, aunque fuese de manera involuntaria y en el ejercicio de su trabajo.

Lavadero en Larrea, fotografía de Gerardo López de Guereñu, ES.01059.ATHA.IHO.DI.05026.

Por esa combinación entre motivos higienistas, tan propios del siglo XIX, y la misoginia interiorizada, surgieron los lavaderos como un espacio segregado, normalmente cubierto o ubicado en algún lugar discreto de la población. El objetivo era que las mujeres pudieran lavar sin ser vistas, de tal manera que sus cuerpos, quedasen al margen del espacio público. A pesar de ello, los lavaderos supusieron una mejora en las condiciones de trabajo de estas mujeres, que quedaron a salvo de la intemperie, mejoraron la postura de lavado y contaron, a partir de entonces, con un espacio exclusivo donde desarrollar la sociabilidad femenina relativamente a salvo del control masculino.

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