Ermita de Nuestra Señora del Campo (Maeztu)

Introducción

El paisaje cultural del entorno de Maeztu ha cambiado mucho con el paso de los siglos. En la visita pastoral del Licenciado Martín Gil en 1556 cita la existencia de seis ermitas en activo, que no eran sino antiguos núcleos de población de los que ya sólo quedaban las iglesias. La pujanza de Maeztu, propiciada a partir del siglo XIV por el linaje de los Gaona, motivó que las pequeñas aldeas de los alrededores fueran poco a poco absorbidas y sus poblaciones trasladadas a la villa. Éste fue el caso de la ermita de Santa Eufemia (antigua advocación de este templo), que pudo resistir el paso del tiempo gracias al apego popular. En el año 1771 la vecina ermita de Nuestra Señora del Campo estaba en ruinas y la imagen de su Virgen y el retablo del altar mayor se trasladaron a la ermita de Santa Eufemia, cambiando con ello también su advocación. De esta manera, la antigua ermita de Santa Eufemia pasó a denominarse Virgen de Nuestra Señora del Campo y, gracias a la devoción popular de los vecinos y vecinas del entorno, ha llegado hasta nuestros días en un estado de conservación excepcional.

Vídeo

Imágenes 360º

¿Alejandro Magno en Maeztu?

En el interior de la ermita podemos encontrar una sorprendente iconografía que ha motivado curiosas especulaciones. En los capiteles del arco triunfal aparecen una serie de animales fantásticos enfrentados, de entre los cuales emerge una figura vestida con un extraño traje talar. La composición de dos monstruos flanqueando a un personaje remite a la iconografía de Alejandro Magno surcando los cielos. Según una serie de leyendas que se hicieron muy populares en la Edad Media, cuando Alejandro Magno llegó al límite del mundo conocido quiso ir más allá urdiendo un peculiar plan. Capturó dos grandes aves carroñeras, construyó un cesto en el que poder subirse y, mediante un yugo, unió el cesto a las aves. Colocando una extensa pértiga con alimento en la parte frontal, las hambrientas aves echaron a volar y, con ellas, Alejandro comenzó a surcar los cielos. Este osado gesto fue tomado en la Edad Media como imagen de la valentía que debe tener todo gobernante, aunque también hubo lecturas que evidenciaron la soberbia que dejaba entrever su desmedida ambición. Es difícil asegurar con certeza que se trate de la iconografía de Alejandro Magno, ya que las figuras humanas entre bestias pueden tener otro tipo de consideraciones. Sin embargo, en ocasiones, las iconografías se iban simplificando, alejándose de sus modelos originales, dando lugar a expresiones visuales más sencillas, pero que conservaban su significado original. .

Fotografías antiguas

Gerardo López de Guereñu supo apreciar el enorme interés de esta ermita, ya que fotografió un amplio número de detalles de sus capiteles, portada e interior. En el año 1981 se restauró el edificio y, con ello, se desmontó el retablo que había sido trasladado desde la antigua ermita de Nuestra Señora del Campo, no llegando a montarse de nuevo. Se trataba de un retablo de principios del siglo XVIII que tenía la imagen de la titular en el centro y que estaba coronado por un San José de buena calidad. El resto de las fotografías nos muestran un interior encalado y su situación general antes de la última intervención.

La ermita

En el momento del cambio de advocación y con la demolición de la antigua ermita de Nuestra Señora del Campo, se sabe que muchos de sus despojos fueron trasladados a la ermita de Santa Eufemia. No se especifica la naturaleza de estos materiales, por lo que no es posible asegurar que los canecillos, ventanales u otros elementos que comentaremos hayan estado siempre en esta ubicación, pues pueden haber sido trasladados desde la otra ermita junto con el retablo y la talla de la Virgen.

Exterior

El exterior del templo muestra con claridad los sencillos volúmenes que lo componen: una sola nave con una cabecera plana de menor tamaño. En los muros sur y este de la cabecera se abren dos interesantes ventanales románicos. El más oriental de todos está compuesto por dos arquivoltas que descansan sobre capiteles vegetales y un sencillo sobrearco sin decoración. Su vertiente interior fue descubierta en las restauraciones de los años ochenta. La ventana del muro sur está más deteriorada y apenas son visibles las formas vegetales de sus capiteles.

Sobre este último ventanal puede verse una interesante colección de canecillos con decoraciones variadas. De entre los rostros esquemáticos y los animales de aspecto fantástico destacan un curioso personaje con bonete y un traje talar, un perro que se muerde la cola, una figura que vomita formas vegetales y un mascarón monstruoso de aspecto felino.

Pero sin duda alguna el elemento más llamativo de esta ermita es su portada. Se trata de una construcción concebida a modo de arco de triunfo, coronada por una línea de ocho canecillos que sostienen la cornisa. Entre ellos aparecen cuatro enigmáticos rostros, algunos de los cuales llevan unas originales tocas en su cabeza. La portada está compuesta por cuatro arquivoltas baquetonadas. Toda la obra tiene un fuerte sentido decorativo y los intradós y trasdós de cada arquivolta se decoran con besantes inscritos en círculos. Pero el mayor despliegue decorativo se reserva al sobrearco y a la línea de imposta que recorre la portada por su parte central, donde podemos ver una sucesión de preciosas hojas sumamente estilizadas.

En esta portada trabajó uno de los talleres más dotados de toda la Montaña Alavesa, lo que debe alertarnos de la importancia que debió tener este lugar. Lo que hoy en día es una sencilla ermita, en el momento de su construcción debió ser un edificio auspiciado por algún linaje poderoso, cuya pista documental hoy día se ha perdido. Forma además parte de una familia de portadas que pueden verse tanto en la Llanada (Alaiza, Txintxetru, etc.) como en la Montaña (Cicujano, Leorza, etc.).

El interior

Una vez dentro de la iglesia, vemos que ésta se cubre con una bóveda de cañón ligeramente apuntada en el presbiterio y con un perfil más puntiagudo en la nave principal. El sencillo coro de madera es de construcción moderna.

En las restauraciones de 1981 se llevaron a cabo unas excavaciones arqueológicas dirigidas por Francisca Sáenz de Urturi en las que se pudo constatar la existencia de una necrópolis de los siglos XIII-XIV (en el exterior y en el interior) y otra en el interior de los siglos XVI y XVII, además de silos con abundante material cerámico medieval.

LOCALIZACIÓN

Créditos fotográficos:

De las fotografías actuales: © Álava Medieval / Erdi Aroko Araba.

De las fotografías antiguas: Archivo del Territorio Histórico de Álava.

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