Bernedo
La Historia
La historia de Bernedo está ligada al castillo roquero cuyos restos arqueológicos dominan todavía la población. Este punto de control que vigila los principales pasos de la Sierra de Cantabria hacia la Rioja y la Ribera ha determinado el devenir de la villa amurallada que se creó a sus pies. El rey navarro Sancho el Sabio lo escogió como punto estratégico para fundar la puebla de Bernedo en 1182. Posteriormente, otros monarcas la favorecieron, como Carlos II y Carlos III. En 1476 Bernedo pasó a jurisdicción de la corona de Castilla, quedando incorporada a Vitoria-Gasteiz. Desde entonces, las grandes personalidades de esta ciudad fueron las encargadas de la tenencia y gestión del castillo, siendo protagonista en conflictos como la Guerra de las Comunidades o la de la Independencia.

El conjunto principal
Al final de la calle Herrería de la villa medieval de Bernedo, encontramos la tripleta compuesta por fuente, abrevadero y lavadero. Aprovechando la inclinación natural del terreno debido a la ubicación de esta localidad en una loma junto a un antiguo castillo roquero, las aguas procedentes de un manantial natural circulan cuesta abajo para desembocar en la pileta de lavar. Justo al lado del lavadero se encontraba el antiguo edificio con forja y potro que da nombre a la calle y que, muy probablemente, también aprovechaba en último término el curso de agua que nace de la conocida como “fuente de Suso”.

La fuente
Esta fuente es de tipo aljibe y está decorada, a ambos lados, con unas pilastras un poco deterioradas de estilo. La culmina un frontón recto de regusto neoclásico en cuyo interior se nos recuerda la fecha de construcción: Bajo esta pieza una inscripción reza lo siguiente: “año de 1862”. Y, debajo, continúa: “Se prohíbe lavar en este bebedero pena de 4 R.” La multa de cuatro reales para la actividad del lavado iba específicamente dirigida hacia las mujeres, que eran las que, de forma prioritaria, realizaban estas tareas. Quizá algunos conflictos surgidos en torno al uso del agua de la fuente pública motivaron que se edificase el lavadero, más abajo, justo después del largo abrevadero.


El lavadero
El lavadero se adapta tanto a la complicada orografía como al antiguo recinto amurallado que transcurría en las inmediaciones y del cual hoy en día apenas queda resto. Su apertura hacia el norte ofrece poca luz y poco resguardo del frío, pero estas carencias se explican por los condicionantes de su ubicación. Para entrar al interior había que superar tres peldaños pétreos que permitían el acceso a la pileta rectangular y que hoy en día se han convertido en dos debido a la reforma del pavimento de la calle.


En el interior, las piedras de lavar se sitúan a la altura de la mitad de las piernas, lo cual permite diferentes posturas a la hora de realizar el aclarado y frotado de la ropa: o bien de pie doblando la espalda o bien de rodillas sobre el suelo. En el muro sur y en el oeste encontramos salientes que permiten depositar objetos relacionados con el lavado, aunque también se podría utilizar para este mismo fin la apertura a media altura del muro norte. En esta zona, un par de gruesos tambores de una columna partida sirven como apoyo a la inmensa viga de madera, restaurada, que sostiene la parte baja del tejado a un agua. Esta columna de procedencia desconocida muestra una evidente reutilización de materiales a la hora de construir el lavadero.


El desaparecido lavadero de Sarrea
A pesar de haber sido una importante villa durante la Edad Media, disputada por los reinos de Castilla y de Navarra, Bernedo tuvo una etapa de decadencia posterior que hizo mermar su población e hizo que se mantuviera hasta los años sesenta del siglo XX en unas 350 personas. Quizá lo limitado de su lavadero intramuros llevó a la creación de otro en el exterior de los paños de muralla, muy cerca de la única puerta original de entrada a la villa que se conserva, hoy restaurada y conocida bajo el nombre de “arco de Sarrea”.

Allí se ubicaba una pequeña fuente de tres caños que regaba una pila rectangular con piedras de lavar inclinadas en todos sus lados utilizada como lavadero a ras de suelo para emplear de rodillas. Este recinto, antiguamente techado, estuvo varios años a descubierto, después de haber perdido la techumbre que antaño lo cubría. Hoy en día en esta “fuente de Lasarrea” sólo se mantienen dos de los tres caños de los que manaba el agua, se ha eliminado la estructura del lavadero y el edificio que lo rodeaba y se emplea únicamente a modo de fuente.


